LIE TO ME

O “Miénteme”, como se tituló en España. Es una serie de TV de 2009 protagonizada por Tim Roth, que interpretaba el personaje del Dr. Cal Lightman, dueño y director de un gabinete de investigación dedicado a detectar la mentira a través del análisis de lo que llamaban “microexpresiones faciales”, o lo que es lo mismo, especializados en interpretar los gestos de la cara y traducirlos a emociones. Buena serie y buenos actores, aunque no llegó a tener el éxito deseado y Fox abandonó su producción en la tercera temporada. Si sois aficionados a las series, os la recomiendo. Ahí va un link a la primera temporada para el que quiera verla.

El caso es que el argumento suena un tanto estrafalario y alejado de la realidad, aunque la verdad es que la serie está basada en los trabajos de Paul Ekman, psicólogo americano que ha dedicado su vida a la investigación de las expresiones faciales, llegando a la conclusión de que éstas son universales y no condicionadas por el entorno o la cultura en la que crecemos y nos criamos. Es decir, cualquier persona en el mundo, independientemente de su origen, raza o sexo, utiliza los mismos gestos para expresar sus emociones. De hecho, Ekman ha conseguido a lo largo de estos años, identificar una serie de emociones y relacionarlas con sus respectivas “microexpresiones faciales”; y dado que estas microexpresiones son biológicas, las vamos realizando de forma inconsciente como parte de nuestro discurso, como un elemento de comunicación no verbal más. Debe ser bastante agobiante sentarse a hablar con el amigo Ekman…

El caso es que el Sr. Ekman tiene toda una empresa montada alrededor de estas investigaciones, vendiendo “training tools” para mejorar nuestra capacidad para interpretar emociones; como os podéis imaginar, aparte de ayudarnos a identificar a potenciales mentirosos en una investigación policial (principal argumento de la serie de TV mencionada), puede ayudarnos a aumentar nuestra inteligencia emocional o a responder a las emociones de otros simplemente siendo capaces de “leer” adecuadamente las expresiones de la cara.

Leía hace algún tiempo en Inc. que ya existen empresas de investigación que, haciendo uso de tecnologías de reconocimiento facial y, probablemente, estudios como el del Sr. Ekman, son capaces de detectar las emociones que produce sobre un consumidor la exposición a determinada marca. Una herramienta muy interesante, verdad? Puede permitir, entre otras cosas, testar el resultado de un spot determinado entre grupos de consumidores de diferentes mercados o tener una lectura más cercana a la realidad (sin los sesgos que suelen afectar a los focus groups de toda la vida) sobre la reacción de un consumidor a un nuevo producto.

En un post anterior de este blog, hablaba de las herramientas de neuromarketing para ayudarnos a llegar al fondo de la motivación que tiene un consumidor a la hora de consumir un determinado producto; en el libro de Martin Lidstrom hay unos cuantos ejemplos interesantes al respecto.

A mi me gusta más la solución de las tecnologías de reconocimiento facial; para empezar, no tienen que conectarte electrodos en la cabeza! En cualquier caso, las dos ayudan bastante a llegar al fondo de la motivación del consumidor, que es de lo que se trata.

Y si vamos un paso más allá, quizá tengamos en un futuro no muy lejano una publicidad servida “a la carta” al estilo Minority Report, en la que a un John Anderton (Tom Cruise) que huía de la policía de pre-crimen le iban identificando los diferentes soportes publicitarios que se encontraba en el camino y le iban sirviendo publicidad adaptada a su patrón de consumo. Sin duda algo que llegaremos a ver y que abrirá aún más el debate sobre nuestra privacidad, la cantidad de información sensible que hay de nosotros mismos en la red y la manera en la que puedan llegar las marcas a usar dicha información. Un debate interesante que quizá de contenido a un futuro post. Algo sobre lo que reflexionar, sin duda.

TENDENCIAS. INTERNET DE LAS COSAS Y MÁS

Hay dos tendencias que cada vez están teniendo más presencia y a las que creo que merece la pena hacer seguimiento.

Una es la de “el internet de las cosas”, de la que oí hablar por primera vez no hace mucho tiempo a Manuel Alvarez de la Gala (@alvarezdelagala) en el IE. La otra es la de la producción para el autoconsumo a través de las impresoras 3D, cuya popularización es, parece, inminente.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a unas sesiones sobre tendencias e innovación en una agencia de Madrid y, cómo no, ambos temas salieron en la presentación. Curiosamente, este fin de semana he leído dos artículos que están relacionados con ambos temas y que me han llamado la atención.

El referido al internet de las cosas salió publicado en Business Insider. Se trata de Tile, un pequeño dispositivo que permite hacer que cualquier objeto quede conectado a internet, de manera que podamos saber en cualquier momento, dónde está el objeto en cuestión a través de una App para iOS. Se puede comprar muy cómodamente a través de Amazon. Por cierto, se trata de un proyecto autofinanciado que arrancó solicitando 20.000USD y que lleva recaudados casi 2 millones de dólares; la del self-funding/crowdfunding es otra tendencia a tener en cuenta, sin duda. Aquí os dejo el spot.

El artículo sobre las impresoras 3D lo leí en Advertising Age y es, a mi juicio, una de las aplicaciones comerciales de las impresoras 3D mejor ejecutadas que he visto; se trata de un servicio puesto en marcha por una aseguradora belga que te permite guardar una imagen 3D de tus llaves de casa y guardarlas en un servidor seguro, de manera que el usuario, en el caso de perder sus llaves, pueda acceder a dicho servidor, descargarse el fichero en cuestión, acudir a un workcenter con impresora 3D, imprimir una copia de su llave y…listo! Problema resuelto. Aquí os dejo el video

Evidentemente parece mejor de lo que es (no es posible copiar una llave inteligente de un coche, por ejemplo, sin mencionar el hecho de que las impresoras 3D aún no están lo suficientemente popularizadas como para poder acudir tan fácilmente a un workcenter que tenga una). En cualquier caso, será cuestión de tiempo que las impresoras 3D acaben bajando de precio y se acaben popularizando, al igual que pasó en su día con las impresoras láser o las de inyección de tinta. Aquí os dejo un artículo de Xataca muy interesante al respecto.