COMUNICACIÓN OMNICANAL EN EL PUNTO DE VENTA

 

Hasta hace relativamente poco, los canales físico y digital se entendían como canales de venta separados. Se suponía que cada uno aportaba una experiencia diferente al consumidor y que apenas existían cruces de clientes entre ellos: los que compraban en el canal físico a un retailer o marca determinada lo hacían sólo en el canal físico, y los que lo hacían on line apenas pisaban la tienda.

La tienda física aporta una serie de cosas que quedan fuera del alcance del e-commerce (experiencia física, venta asistida, contacto con el producto). De ahí que gigantes digitales como Amazon o Google hayan decidido completar su negocio abriendo tiendas físicas. Por otro lado, un e-commerce también goza de valores diferenciales (amplitud y profundidad de surtido, inmediatez de la compra, comodidad, servicio 24/7) que no se encuentran en el mundo físico, quedando hoy pocos retailers que no hayan asegurado su presencia digital de una u otra manera.

En cualquier caso, lo que a nadie se le escapa hoy día es que estos dos canales hace mucho que dejaron de existir de forma aislada y cada vez más se presentan cruces entre ellos. Un ejemplo sería el ROPO (research on line, purchase off line) en el que la información previa a la compra se realiza en el mundo digital pero la ejecución de la misma se realiza en el mundo físico (de acuerdo con GfK, el 60% de los compradores “off” buscaron “on line” la información necesaria para realizar la compra). Y obviamente hacia el lado contrario también funciona: el 50% de los compradores on line visitó la tienda física antes de realizar su compra.

Por tanto, a estas alturas ya no tiene sentido considerar estos canales como independientes sino como “ventanas de oportunidad” diferentes para que el cliente ejecute su compra final. Aquí es precisamente donde entra el concepto de omnicanalidad o multicanalidad. Podríamos decir que consiste en difuminar lo más posible la barrera existente entre el mundo físico y el digital. Al fin y al cabo, el consumidor no piensa en canales, piensa en retailers o en marcas de manera que espera que el retailer o la marca escuche sus peticiones de la misma manera y con la misma respuesta independientemente de cómo esté accediendo a su oferta.

En México obviamente las cosas no son diferentes. Hoy día, la penetración de los teléfonos inteligentes ya alcanza el 60%, empujando a retailers y marcas a buscar nuevos elementos de comunicación para sus productos o servicios y tratando de alcanzar una comunicación integrada.

Las agencias han recogido el mensaje, tratando de adaptar sus soportes de comunicación tradicionales para convertirlos en elementos de comunicación omnicanal.

En esta línea, una agencia especializada en shopper marketing ha lanzado in-Contact, un producto que consiste en equipar los mupis tradicionales con tres tecnologías diferentes: beacons, etiquetas NFC y códigos QR. La combinación de estas tres tecnologías brinda una gran flexibilidad para el usuario mexicano, ya que puede interactuar a través de medios conocidos, poco intrusivos y fáciles de usar.

in contact 2

Por su parte, las marcas obtienen acceso a una dimensión extra, la cual les permite ejecutar una comunicación omnicanal, complementar la comunicación en punto de venta, fortalecer su imagen y empujar la compra de sus productos.

Pero quizá la característica más importante de In-Contact es que fomenta la generación de experiencias de compra que ofrecen un valor agregado a los compradores que visitan las tiendas de autoservicio, invitando a la interacción con el cliente.

Al combinar los medios digitales con los físicos se promueve la estrategia de omnicanalidad que sin duda es una de las tendencias más importantes en la industria de la publicidad para 2017.

Una iniciativa que creo que tendrá éxito.

Nota: en el momento de publicar este post me encuentro trabajando para in-Store Media

OMNICANALIDAD Y ESTRATEGIA DE MARKETING

Hasta hace relativamente poco, los canales físico y digital se entendían como canales de venta separados. Se suponía que cada uno aportaba una experiencia diferente al consumidor y que apenas existían cruces de clientes entre ellos: los que compraban en el canal físico a un retailer o marca determinada lo hacían sólo en el canal físico, y los que lo hacían on line apenas pisaban el canal físico.

La tienda física aporta una serie de cosas que un e-commerce no puede aportar (experiencia física, venta asistida, contacto con el producto). De ahí que gigantes digitales como Amazon o Google hayan decidido abrir tienda física. Por otro lado, un e-commerce también goza de valores diferenciales (amplitud y profundidad de surtido, inmediatez de la compra, comodidad, servicio 24/7) que no se encuentran en el mundo físico, quedando hoy pocos retailers que no hayan asegurado su presencia digital de una u otra manera.

En cualquier caso, lo que a nadie se le escapa hoy día es que estos dos canales hace mucho que dejaron de existir de forma aislada y cada vez más se presentan cruces entre ellos. Un ejemplo sería el ROPO (research on line, purchase off line) en el que la información previa a la compra se realiza en el mundo digital pero la ejecución de la misma se realiza en el mundo físico (de acuerdo con GfK, el 60% de los compradores “off” buscaron “on line” la información necesaria para realizar la compra). Y obviamente hacia el lado contrario también funciona: el 50% de los compradores on line visitó la tienda física antes de realizar su compra.

En suma, a estas alturas ya no tiene sentido considerar estos canales como independientes sino como “ventanas de oportunidad” diferentes para que el cliente ejecute su compra final. Aquí es precisamente donde entra el concepto de omnicanalidad o multicanalidad. Podríamos decir que consiste en difuminar lo más posible la barrera existente entre el mundo físico y el digital. Al fin y al cabo, el consumidor no piensa en canales, piensa en retailers o en marcas de manera que espera que el retailer o la marca escuche sus peticiones de la misma manera y con la misma respuesta independientemente de cómo esté accediendo a su oferta. En este sentido, hay cinco elementos a tener en cuenta:

  • El surtido al que tiene acceso el consumidor ha de ser homogéneo a través de cualquier tipo de canal. Cierto que siempre habrá más oferta comercial en un e-commerce, pero el retailer o la marca deberían darle al consumidor la posibilidad de acceder (vía reserva, pedido previo, precompra) al mismo tipo de surtido en el mundo físico y en el digital
  • El acceso on line ha de ser óptimo a través de cualquier tipo de dispositivo; aún hay un 50% de las empresas en España que no tienen sus webs adaptadas a dispositivos móviles. El diseño responsivo juega aquí un papel clave
  • El retailer debería ser lo suficientemente flexible como para combinar los dos canales (ej: click&collect) y estar preparado para recibir pedidos que vengan desde fuera de su ecosistema propio de apps o de su site de e-commerce (perfil de twitter, fansite de facebook, whatssapp…)
  • La atención al cliente, entendida como canalizadora de quejas, reclamaciones, peticiones de información, etc. ha de ser única para todos los canales
  • Por último, es esencial no olvidarse de integrar los marketplace en nuestra estrategia omnicanal. Cada vez más, los marketplace cobran mayor relevancia. Incluso los retailers o las marcas que tienen una potente presencia on line desde un punto de vista transaccional, deberían estar presentes en los marketplace más relevantes de su sector. En definitiva, no deja de ser una vía más de captación de pedidos que, con una adecuada negociación de condiciones, puede llegar a equipararse con una compra bajo modelos de performance tanto en costes como en resultados

Y cómo alineamos nuestra estrategia de marketing con esta omnicanalidad? Ahí van algunas reflexiones:

  • Debemos definir una estrategia de marketing unificada para todos los canales. La marca ha de llegar con el mismo lenguaje y tono al consumidor, independientemente del canal por donde éste ejecute su compra. Y esto, que parece una obviedad, no siempre se cumple
  • La oferta y política comercial física y digital ha de estar alineada. Evidentemente existirán excepciones estratégicas orientadas a impulsar el canal digital (precios diferenciados en determinados momentos, producto exclusivo de carácter temporal…) pero debemos evitar la inconsistencia o la falta de homogeneidad
  • Debemos tratar de que nuestra estrategia sea capaz de impactar al consumidor con el mismo mensaje a lo largo de todo su “purchase journey”, desde lo que comunicamos en TV u otros medios masivos, redes sociales y comunicación en tienda, ya sea en soportes físicos o digitales, terminando, por qué no, con un impacto final en la app móvil correspondiente enviado a través de beacons en el punto de venta cuando el consumidor tenga nuestro producto al alcance de la mano
  • Y obviamente, todos los impactos han de estar diseñados para facilitarle la vida al consumidor y tratar de aumentar su conversión. Si son banners en nuestro site transaccional, que no redirijan a otras páginas sino que estén incrustadas en la nuestra, de manera que el comprador nunca deje de ver el carrito y nunca deje de tener a mano el botón de “añadir al carro”; si son impactos que se producen en el mundo físico, dar la oportunidad al consumidor de interactuar con nuestra comunicación (vía QR, NFC, beacons) y que esa interacción lo dirija a nuestro site transaccional para que realice la compra. Muy importante el papel que juegan en este punto las herramientas de behavioral marketing

En suma, cada vez más herramientas, tecnología y sistemas para llegar a impactar al consumidor en su “purchase journey” y cada vez más complicado decidir cuál debe ser un adecuado reparto de presupuesto entre las diferentes opciones. Pero eso es otro tema que quizá haya que tratar en un futuro post.