LA PREDICCIÓN DE LA PREDICCIÓN

Empecemos con una premisa de teoría económica: los mercados se autorregulan y el intercambio de bienes o servicios se produce a un precio satisfactorio para el que compra y el que vende.

Añadamos otra premisa de teoría económica clásica aplicada a mercados financieros: los precios de las acciones en una determinada bolsa de valores deberían ser fiel reflejo del valor de la compañía.

Esto, unido a lo anterior supone que en el momento en el que una acción cambia de manos en el mercado bursátil es porque el que vende considera que tiene información (no disponible para el mercado) de que la acción va a perder valor y el que compra considera que tiene información (no disponible para el mercado) de que la acción va a incrementar su valor.

Ahora analicemos el siguiente acertijo:

“Piensa un número del 0 al 100 con el objetivo de que ese número que pienses sea lo más cercano a las dos terceras partes de la predicción media de todos aquellos que participen en el acertijo”

¿Demasiado complejo para un jueves? Ahí va algo de ayuda: si hay tres personas participando en el acertijo y una dice 60, otra 50 y otra 70, nuestra predicción debería acercase a los dos tercios de la media de esos números (60), es decir, 40.

Alguno de los que estéis leyendo el post probablemente no llegaréis a hacer ninguna predicción y lo deis por imposible (“esto de los acertijos no es lo mío, no me gustan las matemáticas, etc, etc”)

Otros, si le dedicáis algo de tiempo, llegaréis a la conclusión de que, en un grupo lo suficientemente grande, lo lógico es que la predicción media se acerque a 50, de manera que el número que habría que predecir sería dos tercios de 50, es decir, aproximadamente 33.

Pero obviamente la cosa es un poco más complicada. Si le habéis dedicado algo más de tiempo, veréis que puede que haya gente lo suficientemente avanzada en el grupo como para predecir el número 33, de manera que vuestra predicción se debería acercar a los dos tercios de 33, es decir, 22. Y así sucesivamente. ¿Hasta qué cifra? Pues hasta cero, que sería, por así decirlo, “la predicción de la predicción…de la predicción”. Antes de participar en el acertijo, sería bueno saber quien más está participando. Si los que participan son matemáticos especializados en teoría de juegos, la mejor predicción sería el número cero; si se trata del común de los mortales, probablemente tengamos éxito con el número 33. Y si estamos en un bar con unos amigos y se nos ocurre sacar el tema, probablemente nos manden a paseo por frikis.

Ahora llevemos este ejercicio a los mercados financieros. ¿Los mercados reflejan el valor real de una acción en un momento dado? No. (Si así fuera, no existirían las “burbujas” que se han ido produciendo en los últimos años). Lo que realmente recogen son oscilaciones de precio originadas por los agentes que intervienen en el mismo (individuales o colectivos, profesionales o no) que toman decisiones en función de una predicción del valor de la acción. Esto genera las grandes oscilaciones de precio de la acción, por encima o por debajo del valor real de la compañía.

¿El truco? Modelos que, teniendo en cuenta que los agentes que deciden el precio de la acción no lo hacen basándose en el valor real de la compañía sino en predicciones de valor a corto plazo, sean capaces de generar predicciones de valor que permitan aprovechar los vaivenes del mercado en su beneficio.

Este ejemplo viene desarrollado con detalle en Misbehaving, de Richard H. Thaler, co-autor de Nudge (del que hay una entrada en este blog) y uno de los padres de la disciplina de behavioral economics que estudia los efectos de los factores psicológicos, sociales y emocionales en las decisiones económicas de individuos e instituciones. De muy recomendable lectura si eres aficionado al marketing y quieres entender mejor lo que hay detrás de la decisión de un consumidor frente a un producto o servicio determinado.

LAS VEGAS, EL JUEGO Y EL COMPORTAMIENTO HUMANO

 

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Hace unos días se celebró en Las Vegas una importante feria tecnológica dedicada a Digital Signage. Como no podía ser de otra manera, uno de los miembros del equipo viajó hasta allá para asistir a la feria con el objeto de mantenernos al día en este campo, aumentar nuestra base de contactos, asistir a los diferentes cursos de formación y…cómo no, disfrutar de la “noche de Las Vegas” (esto no estaba en el brief del viaje, pero hay que aprovechar!)

El lunes, a su vuelta y una vez realizado el correspondiente debrief profesional (bueno, en realidad no es cierto; en realidad todos le preguntamos primero por la “noche de Las Vegas”) nos hizo un par de comentarios con respecto a su experiencia en el casino (nota para el que no haya estado de Las Vegas: en todos los hoteles la planta baja es un casino; es imposible ir a LV y no pasar por un casino). Esto fue lo que dijo, casi textualmente:

a) “Aparté 100 dólares para jugármelos”

b) “En algún momento de la noche llevaba ganados 400 dólares pero al final perdí todo”

Nunca nadie dijo tanto en un par de frases. Analicemos:

Según la teoría económica clásica, el dinero es un bien fungible, es decir, vale lo mismo independientemente de su localización (dejando de lado potenciales costes de transacción). El dinero “apartado” para jugarlo en la ruleta vale exactamente lo mismo que el resto del dinero que llevemos en la cartera e incluso lo mismo que el que tengamos en la cuenta corriente, que está a golpe de cajero y que, con unos costes de transacción casi nulos, se puede considerar tan líquido como los billetes que llevemos en la cartera.

¿Qué es lo que dice la realidad y el comportamiento humano? Que manejamos nuestro dinero siguiendo una lógica de “compartimentos estancos”. Todos tenemos el cajón de las vacaciones, el cajón de los gastos corrientes divididos por capítulos (consumos, alquiler/hipoteca, comida…) y consideramos estos cajones de forma aislada de manera que generalmente ahorros de un cajón no pasan a formar parte de otro cajón y generalmente, excesos en un cajón no suelen suponer contención del gasto en otro cajón. El estudio de Hastings y Shapiro que tenéis como descargable al final del post demuestra este hecho a partir del comportamiento del consumidor en sus compras de gasolina: ante bajadas apreciables del precio de la gasolina, el consumidor no reaccionaba como la teoría económica predice (“si está más barata, usare más el coche o bien dedicaré los ahorros de este capítulo a otros usos”) sino de una forma muy distinta: manteniendo constante el gasto en el capítulo “gasolina” y pasando a comprar la gasolina premium vs la estándar. Curioso.

El comportamiento de “apartar 100$ para el casino” podríamos decir que no es racional desde la óptica de la teoría económica, pero sí humano (casi todos los que hemos pisado un casino hemos hecho algo por el estilo). Y este comportamiento no sólo se da en los individuos sino también en las empresas. Como medida de contención del gasto y de agilidad en la aprobación de los gastos corrientes que sabemos se van a producir a lo largo del año, todas las empresas funcionan bajo un presupuesto aprobado de acuerdo con una serie de premisas y más de uno nos hemos visto en la ridícula situación en la que hay dinero disponible en un “cajón” del que no podemos disponer para cubrir las carencias en otro “cajón”. En el último libro de Richard H. Thaler hay un capítulo muy interesante sobre este tema.

En cuanto a la segunda observación de nuestro colega (“llevaba ganados 400 dólares pero finalmente perdí todo”) es otro de los ejemplos que echan por tierra la teoría de que el dinero tiene el mismo valor independientemente de dónde venga o de dónde esté. En el caso particular del juego, el individuo no asigna el mismo valor al dinero “ganado” que al “traído de casa”. Lo normal hubiera sido que, habiendo “traído de casa” 100$ y llevando ganados 400$ (una rentabilidad difícil de obtener por medios legales…), nuestro colega se hubiera retirado a dormir…pero la realidad es que el dinero de las ganancias no se considera dinero “real” sino dinero “del casino” que duele mucho menos perder y que por tanto, de la misma manera que viene…se va.

Moraleja 1: cuando se trata de dinero y de decisiones ligadas a su uso, no somos tan racionales como la teoría económica supone. Vigilemos nuestros comportamientos y tratemos de racionalizar su uso.

Moraleja 2: si pisáis un casino, “apartad” algo de dinero (forma inteligente de tratar de contener el gasto) y si en algún momento vais ganando (cosa poco probable), salid corriendo. Es la mejor medida.

Premium Gasoline de Hastings y Shapiro

Foto de wikimedia commons