CORRUPCIÓN

Sí, sí, corrupción. Como suena. Ni más ni menos. Buen título para un post en un blog de marketing, eh? Lo queramos reconocer o no, estamos rodeados por todas partes de casos de corrupción de mayor o menor calado, llevados a cabo por tipejos de condición social de lo más variopinta. Si tuviera que enumerar sólo los más significativos que están hoy día circulando por la prensa española, el post sería tan largo que nadie lo leería. En fin, bastante triste.

No es que me haya dado una ventolera y que vaya de pronto a escribir sobre política o actualidad. El caso es que aún hay gente que cree que los valores morales y la rectitud a la hora de gestionar una empresa o un departamento no son importantes. Creo que una de las reglas básicas de management y de gestión de equipos y personas es la de “predicar con el ejemplo”, y cuando desde los estamentos más altos y visibles de la sociedad lo que se predica es que no está del todo mal aceptar un soborno por aquí, un viaje por allá, una comisión por no hacer nada o un trabajo adjudicado a dedo, el resultado que se obtiene es que la sociedad acaba considerando esos comportamientos como buenos (o por lo menos, como normales y aceptables). Lamentablemente, este tipo de comportamientos aún existen en la empresa española.

Pues no, señores, no. No todo vale. Hace ya un año escribía un post al respecto, basado en el libro de Luis Bassat “Inteligencia comercial” y hace algo menos leía una entrada muy buena al respecto en el Blog del IESE.

El pasado mes de enero aparecía en Marketing News una entrada titulada “La honestidad de una empresa repercute en sus beneficios”. Menudo descubrimiento, pensé. Según el estudio en el que está basada dicha entrada, “un alto nivel de honestidad percibida se asocia a buenos resultados en términos de productividad, rentabilidad, mejores relaciones industriales y un mayor atractivo para los posibles candidatos a un puesto de trabajo”.

O lo que es lo mismo, traducido al román paladino, que si elegimos a nuestros proveedores y agencias con criterios de eficiencia y no guiados por amiguismo, si contratamos y promocionamos a nuestra gente basándonos en criterios objetivos de formación, valía y rendimiento y no guiados por intereses personales y si gestionamos los dineros de la empresa pensando únicamente en el beneficio de ésta y no en el propio, la empresa tendrá más beneficios y atraerá mejor talento. Toma! Este descubrimiento es casi equiparable al de 1492.

En fin, ironías aparte, démosle a estos valores la importancia que tienen, y no sólo porque los resultados que obtenemos aplicándolos son mejores que los que obtendríamos dejándolos de lado sino porque, como profesionales, es uno de los pocos activos que tenemos (junto con nuestra formación y experiencia) que verdaderamente marca la diferencia y que nos llevaremos de empresa en empresa allá donde vayamos.

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