A VUELTAS CON EL CROWDFUNDING


¿Y por qué hablo otra vez del crowdfunding? Porque parece que en España hay cierto riesgo de que el modelo se quede un tanto descafeinado por causa de una, desde mi punto de vista, excesiva regulación.

El crowdfunding, entendido como “financiación popular”, es bastante antiguo (quién no ha visto algún monumento con la típica placa de “erigido por suscripción popular” en alguna ciudad de España…) aunque lo cierto es que lo que ha dado un verdadero impulso al modelo es el canal digital. A través de una plataforma de crowdfunding (lo que en España se ha llamado plataforma de financiación participativa) cualquiera puede obtener financiación para un proyecto determinado.

¿Y cómo funciona el asunto? Pues muy sencillo; te das de alta en una de las plataformas, subes tu proyecto, estableces un objetivo de financiación, defines los importes que los donantes pueden aportar y lo que les vas a dar a cambio y…a esperar! ¿Y qué se lleva la plataforma? Generalmente una comisión sobre el total recaudado. La cantidad depende del sitio web en cuestión, pero suele oscilar entre el 4% y el 5% más otros gastos menores ligados a la gestión del cobro de las aportaciones.

A nivel mundial, las plataformas más populares son Kickstarter e Indiegogo; en estas dos, puedes encontrar proyectos de todo tipo; las dos siguen la misma filosofía; el que sube el proyecto pide dinero para llevarlo a cabo, pudiendo ofrecer a cambio desde el simple agradecimiento hasta el producto concreto ya desarrollado y para cuyo lanzamiento está pidiendo dinero.

En España las más conocidas son Lánzanos y Comunitae, con una salvedad con respecto a esta última, ya que más que un sitio de crowdfunding es uno de préstamos entre particulares (dónde quedará la banca tradicional…). Si queréis conocer en más detalle los diferentes tipos de modelos de crowdfunding, os recomiendo este artículo.

El caso más sonado de crowdfuning de los últimos años lo tenéis resumido en esta entrada, en la que tenéis también una breve reflexión de cómo creo que afecta el crowdfunding al marketing y lanzamiento de productos. Y si tenéis interés en ver algún otro ejemplo, daos una vuelta por alguna de las webs citadas o echad un vistazo a esta entrada en donde tenéis el caso de Tile.

Hay que decir también que el volumen que están empezando a mover estos modelos empieza a ser relevante; hace poco kickstarter publicaba que llegaba al billón de dólares financiados, se estima que 2013 se cerró con un volumen de 5.1 billones de dólares y parece que las cifras esperadas de crecimiento son astronómicas.

El caso es que hace unos días se presentaba en el Consejo de Ministros un anteproyecto de ley para regular el crowdfunding, cuyos puntos más polémicos son:

  1. Establece como límite máximo de captación la cantidad de 1M€
  2. Limita la inversión de un particular a la cantidad de 3.000€ en un sólo proyecto o 6.000€ en diferentes proyectos en un período de 12 meses
  3. Las plataformas de crowdfunding deberán tener un capital social mínimo de 50.000€ o un seguro de responsabilidad civil de 150.000€
  4. Deberán además estar registradas en en Banco de España y en la CNMV

Creo que sí es necesaria cierta regulación, ya que me parece necesario que exista cierta seguridad jurídica para el inversor individual de manera que el modelo no acabe siendo una bolsa de fraude. Lo que creo que está fuera de lugar es el límite máximo de captación, así como la cantidad que puede invertir un particular. Los dos límites me parecen extraordinariamente bajos; bien es verdad que la mayor parte de los proyectos de crowdfunding están por debajo de ese millón de euros establecido como límite, pero no veo la necesidad de fijar un tope máximo; en cuanto a la cantidad máxima de inversión de 3.000€, se queda muy lejos de lo que existe en otros países (100.000$ en Estados Unidos para el equity crowdfunding, por ejemplo). Este tipo de regulaciones sólo puede generar un doble efecto: por un lado, cortar de raíz las posibilidades de crecimiento del modelo y por tanto restar capacidad de financiación a proyectos e ideas creativas y por otro, producir una fuga de talento emprendedor a otros países en los que la regulación no sea tan estricta.

Espero que el sector no pierda la oportunidad de participar en la redacción definitiva de la ley y que esos límites acaben aumentando considerablemente.

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