OPTIMISMO


A la hora de comenzar con el diseño del lanzamiento de un producto, siempre trato de hacer una lista de los factores que considero de éxito para que el lanzamiento vaya bien. Aparte de los más obvios de tener un buen diseño inicial de producto, dirigirnos al público adecuado, conocer el mercado en el que nos movemos y nuestra competencia, trazar un buen plan de medios, etc, etc, encuentro clave contar con cuatro cosas:

  1. Unos objetivos adecuados; ya sabéis, que sean específicos, medibles, alcanzables, realistas y con un plazo de consecución (lo que se suele conocer como SMART). Intentaré dedicarle un post a esto en el futuro, ya que en el sector del entretenimiento teníamos modelos que ayudaban a determinar con cierta exactitud cuáles deberían ser los objetivos concretos de un lanzamiento
  2. Una adecuada planificación del lanzamiento, de la que he hablado en un post anterior. Deberíamos ser capaces no sólo de prepararnos para lo que sabemos que puede salir mal sino también estar preparados para lo que no sabemos siquiera que va a fallar.
  3. Unos recursos adecuados para llevar a cabo el lanzamiento, tanto humanos como financieros.
  4. Optimismo a la hora de afrontar el proyecto

Parece que el cuarto punto pertenece a otra lista, pero ahí está; un elemento puramente emocional dentro de una lista que habla de objetivos, planificación y recursos. Creo que es clave afrontar un nuevo proyecto o lanzamiento con optimismo y que es esencial rodearse de equipos con espíritu optimista.

Este espíritu optimista generalmente empuja a acentuar los aspectos positivos del proyecto y sus capacidades de éxito, a la vez que anima a los responsables a asumir dosis más elevadas de riesgo en los proyectos que emprenden. Al mismo tiempo, el optimismo aumenta la persistencia de los equipos y hace que sean capaces de superar los obstáculos que se van encontrando por el camino.

Dicho esto, es esencial mantener el optimismo a raya; es decir, es una herramienta muy positiva y un estado mental que hay que saber mantener y cultivar y que generalmente nos empuja hacia el éxito, pero tiene un lado peligroso. Un exceso de optimismo (o el hecho de no saber compensar el exceso de optimismo de algún integrante de nuestro equipo) nos puede llevar al fracaso con tanta o más facilidad que el hecho de no tener claros los otros tres puntos que citaba más arriba (objetivos, planificación y recursos). Estos son, desde mi punto de vista, los “males” del exceso de optimismo:

  1. No ser conscientes de las limitaciones de nuestro producto o de la situación actual de nuestro mercado, empujándonos a fijar objetivos desorbitados.
  2. Mantenerse en la creencia de que los recursos necesarios para la tarea son menores de los que realmente hacen falta; mezclado con el punto anterior, resulta fatal.
  3. Realizar una estimación poco adecuada de los plazos del proyecto o de los obstáculos que pueden ir apareciendo.
  4. Que la persistencia se convierta en tozudez. A veces un exceso de optimismo aumenta las pérdidas en lugar de aumentar los beneficios. Hay que saber cuándo y cómo debemos abandonar un proyecto.

Seguro que en vuestra experiencia os habéis encontrado con casos en los que el exceso de optimismo os ha nublado el juicio y habéis salido mal parados. Me encantaría ver vuestros comentarios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s